Las preguntas que todos nos hacemos.

katie-moum-5FHv5nS7yGg-unsplashPhoto by Katie Moum on Unsplash

¿Cuánto tiempo más durará la cuarentena?

¿Qué pasa si se levanta la cuarentena antes de tiempo?

¿Habrá una segunda ola de COVID-19?

¿Tendremos que seguir usando mascarillas indefinidamente?

¿Tendremos un empleo al cual volver cuando todo esto termine?

¿Alguna vez todo volverá a ser normal?

¿Cuánto tiempo pasará antes de que podamos viajar?

¿Las personas recuperadas desarrollan anticuerpos contra el virus?

¿Sabremos alguna vez cómo, realmente, surgió este virus?

¿Son reales las cifras de infectados y muertos en todos  los países?

¿Cómo será la salud de aquéllos que estuvieron enfermos de cierta gravedad y se recuperaron?

¿Cómo será el mundo después de esto?

Estas y mil preguntas más tienen a la humanidad en vilo.  Los científicos de todo el mundo están en una carrera contra reloj para entender cómo se comporta el virus y, así, responder a una gran parte de estas preguntas.  Lo cierto es que la medicina no es una ciencia exacta, y lo que saben hoy puede cambiar, al descubrirse algo nuevo mañana.  Sin embargo, los avances de la ciencia nos pueden dar la tranquilidad de que, con su dedicación y tenacidad, los científicos y médicos llegarán a las respuestas correctas, aunque no sean perfectas y nos ayudarán a todos a superar esta situación.

Hay que esperar sin desesperar.  Mantengámonos alerta sin caer en el pánico.   Quedémonos en casa para estar y mantener a  los nuestros a salvo.  Mientras tanto, pensemos qué cambios debemos y podemos hacer en nuestras vidas, y nuestras profesiones.  Imaginemos qué alternativas podemos explorar para el momento en que llegue ese futuro sin cuarentena, al cual todos nos deberemos enfrentar.

¡Hasta la próxima!

 

 

En tiempos del corona virus

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Anoche terminé de ver la serie documental Pandemic (Pandemia) de Netflix.  En tiempos normales, no me habría llamado la atención ver este documental, pero no son tiempos normales, estamos viviendo una pandemia que, en el futuro, será contemplada como un hito histórico de la humanidad, para bien o para mal, según se desarrollen los acontecimientos.  Por ese motivo me decidí a ver el documental que narra las historias de varios médicos y científicos de distintas partes del mundo y cómo son sus vidas y luchas por controlar o evitar brotes epidémicos de ébola, gripe aviar, gripe porcina, y hasta sarampión, tanto en animales como en humanos.

Las conclusiones más importantes, a las que he llegado luego de ver lo expuesto por este documental son:
  1. Que tanto científicos  como médicos, tienen que estar, prácticamente, mendigando fondos para sus estudios, medicamentos y equipos.  Incluso hay hospitales que luchan por mantenerse abiertos, pues no reciben fondos estatales.  Esto sucede porque los gobiernos, de países grandes y pequeños por igual, prefieren gastar en su aparato militar y en las estupideces que inventan los políticos, que en el cuidado preventivo de la salud de sus habitantes.
  2. Que hay mucha gente con poder y dinero que promueve ignorar, arrinconar, anular o atacar a la ciencia, como fuente de información basada en evidencias, con el objeto de lucrar.  Esa gente, lamentablemente, compra conciencias y gobiernos para satisfacer su codicia, a expensas de la salud de las personas y del planeta.
  3. Que la ignorancia generalizada, de temas médicos y científicos, es un gran peligro.  El documental muestra el riesgo que existe con la proliferación de campañas anti-vacunas, basadas en falsas premisas y libertades extremas, que evitan poder combatir los brotes  o están creando el ambiente para que enfermedades largamente controladas, vuelvan a convertirse en una amenaza para los ciudadanos, especialmente, los niños.
  4. Que el personal de salud y los científicos son seres humanos con un sentido de responsabilidad social y de sacrificio mucho más desarrollado que el del resto de los humanos.  Ellos están dispuestos a poner su vida en riesgo, todos los días, para salvar las vidas de otros.  Les debemos, por lo menos, escuchar su mensaje y apoyarlos, siguiendo las instrucciones, estemos enfermos o no.
El egoísmo, la codicia y el individualismo irracional son la mayor catástrofe de la especie humana, eso es lo que la aniquilará, no el virus.
 ¡Quédate en tu casa!

En el Día Internacional de la Mujer, recordemos…

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  • Que aún vivimos en un mundo en el que el maltrato a la mujer sigue existiendo.  En el que hay miles de niñas sufren mutilaciones “para que no sientan placer”.   En el que las vejaciones, abusos y violaciones siguen sucediendo y a sus víctimas no se les hace justicia.  En el que el maltrato doméstico que, en incontables ocasiones, desemboca en la muerte de la mujer y la orfandad de los hijos, no ha desaparecido.  En el que la educación sexual integral es negada a quienes más la necesitan.  En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que aún vivimos en un mundo en el que la igualdad de derechos y oportunidades sigue siendo una meta por lograr.  En el que hay millones de niñas a las que se les niega el derecho a educarse, mientras otras tantas pierden la oportunidad, debido a la pobreza de sus familias.  En el que hay miles de mujeres que no tienen derecho a la tierra que trabajan, a una casa propia y a una vida digna. En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que aún vivimos en un mundo donde hace falta justicia social que garantice la seguridad de la población femenina.  En el que hay sociedades en las que las niñas son consideradas una carga para sus familias y, por esta razón, son abandonadas o vendidas como esclavas. En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que aún vivimos en un mundo donde no hay equidad salarial.  En el que a los hombres se les paga mejor que a las mujeres, aunque ambos hagan el mismo trabajo, tengan las mismas calificaciones e igual capacidad.  En el que, incluso a pesar de que esas mujeres tengan mejor desempeño, mejores calificaciones y mayor capacidad, al hombre se le paga más por el sólo hecho de ser hombre.  En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que aún vivimos en un mundo en que millones de mujeres no tienen derecho a decidir sus vidas.  En el que hay miles de niñas, jóvenes y mujeres que son obligadas a casarse, incluso con hombres a los que no conocen o les triplican la edad.  En el que en lugar de poder elegir su profesión, deben estudiar lo que su padre decida, si es que le permite estudiar.  En el que sus esposos les impiden ejercer su profesión, trabajar e, incluso, administrar su dinero, si trabajan.  En el que niñas que han sido violadas son obligadas a llevar a término el embarazo, incluso en lugares en que la ley les permite interrumpirlo, volviendo a violarlas al arrebatarles el derecho a no cargar con el producto de la violencia contra ellas. En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que aún vivimos en un mundo que no ha entendido que las mujeres somos personas y, es por eso que tenemos el  mismo derecho a cumplir nuestros sueños y alcanzar la felicidad, en nuestros propios términos. En el que la discriminación no ha desaparecido.
  • Que el Día Internacional de la Mujer se hizo necesario para honrar la lucha de millones de mujeres que nos precedieron y para motivarnos a seguir luchando por nosotras y los millones de mujeres que nos sucederán porque, lamentablemente, la discriminación no ha desaparecido.

Organizar y simplificar: claves para tener más tiempo.

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Vivimos en una sociedad de consumo que nos insta a comprar y comprar.  Hay que tener una casa grande, un auto para cada adulto de la familia, lo último de la tecnología, lo que está de moda.  Mientras más espacio tenemos, más cosas compramos y no desechamos nada, por lo que luego necesitamos más espacio, para comprar más cosas y se nos va el tiempo y la vida comprando cosas y buscando espacio para meterlas.

Nos pasamos el fin de semana limpiando la casa, porque es grande y hay muchas cosas que mover, por lo que nos toma todo un día, o dos.  Luego nos pasamos el resto de la semana diciéndole a los miembros de la familia que no ensucien, que pongan los juguetes en su lugar, que guarden la ropa y se nos va el tiempo ordenando cosas y limpiando espacios.

Un día nos damos cuenta de que tenemos cosas que ya no nos sirven, que no hemos usado en meses ¡o nunca!,  que no combinan con nada, que tenemos que mover cada vez que queremos usar un espacio o que no funcionan. Decidimos hacer una limpieza del closet, el garage, el auto o el espacio correspondiente.  Y empezamos a mirar cada pieza y a tratar de romper el lazo emocional que tenemos con ésta para regalarla o desecharla…al final, no terminamos porque nos abruma la tarea, aunque sabemos que, tarde o temprano, tendremos que hacerlo o nos quedaremos sin espacio disponible.

Por fin, un fin de semana largo, o durante las vacaciones, nos proponemos terminar la limpieza y lo logramos.  Al finalizar nos damos cuenta de que tenemos espacio suficiente para satisfacer nuestras necesidades y lo que nos falta es tiempo para disfrutar ese espacio con nuestras familias y amigos.   Nos prometemos no volver a comprar cosas que no necesitamos, no usamos o no combinan con lo que tenemos.  Cumplimos la promesa y nos damos cuenta de que organizar y simplificar nos ha permitido tener más tiempo libre para nosotros, nuestras familias y nuestros amigos.   ¡Más tiempo para vivir!

La cultura del envase.

Frase de la semana
En las dos últimas semanas ha habido una enardecida discusión acerca de la participación de una persona transexual en un concurso de belleza para damas.  También se critica la imposibilidad de que una dama que ha tenido un hijo o haya estado casada pueda participar, mientras se permite que aquellas que se han hecho cirugías estéticas sí lo hagan.  Hay bandos que defienden uno u otro punto de vista y se han dicho toda clase de improperios unos a otros, defendiendo a capa y espada su posición y perdiendo tiempo en una discusión por algo, en mi opinión, tan banal como un concurso de belleza.
En primer lugar, considero que la verdadera discusión debería ser el por qué, aún a estas alturas de la historia de la humanidad, existen los concursos de belleza.  Es como seguir viviendo en la década del ’50, cuando la mujer estaba relegada al papel de muñeca decorativa y ama de casa.  Es increíble que, habiendo avanzado tanto en los últimos 70 años, al punto que hay mujeres que son astronautas, científicas y, hasta jefas de estado, aún existan estos anacronismos.
Que yo sepa, que un país haya tenido muchas miss universo no lo ha convertido en un mejor país, ni los ha salvado de desastres naturales o inducidos por humanos, ni ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes o su nivel educativo.  Los países con la mayor cantidad de miss universo son Estados Unidos, Venezuela, Puerto Rico y Filipinas…juzguen ustedes mismos si esto les ha servido para prevenir su situación actual.
En segundo lugar, seguir promocionando la apariencia, por encima de los valores del ser humano, ha sido y seguirá siendo, la causa de muchos males.  Hay personas que han perdido la vida, al ponerse en manos de supuestos cirujanos, en busca de cambiar su apariencia.  Hay adolescentes sufriendo de desórdenes alimenticios, que son provocados por estos estándares de belleza impuestos por mercaderes de la moda.  Y esto no sólo pasa con las mujeres, también los hombres sufren con estos ridículos estándares.  Esta situación, también tiene incidencia en la tasa de suicidios entre adolescentes y jóvenes.
Hay personas que sacrifican el presupuesto familiar para comprar un auto, porque lo ven como un símbolo de estatus, y no como el artículo utilitario que es.  Hay quienes prefieren tener la ropa de moda y de la marca más cara, aunque tengan que pasarse la quincena a pan y agua.  Hay gente que vive endeudada para poder vivir en un barrio en el cual las casas cuestan mucho más de lo que valen.  Existe un culto a la apariencia que está socavando la salud sicológica de toda una generación, haciéndoles creer que no tienen valor si no se ven de cierta manera o no tienen ciertos artículos de ciertas marcas.
Aunque siempre ha existido gente que responde como autómatas a la publicidad que insta  a adquirir lo último o quienes tienen la necesidad de mostrar que tienen más que el vecino o el amigo, en la actualidad, y con el advenimiento de las redes sociales, este fenómeno se ha convertido en una epidemia.  Lo triste de esto es que esos adolescentes y jóvenes están convirtiéndose en adultos inseguros y con una baja autoestima, lo que los mantiene obsesionados con las apariencias y que, en lugar de cultivar su interior, se desgastan tratando de cambiar su exterior.
Y como si todo esto fuera poco, hay personas que consideran que tienen derecho a humillar e insultar a otros por su apariencia.  El anonimato de las redes ha creado una turba de inadaptados sociales con baja autoestima que no soportan que haya personas que se acepten y amen tal cual son, y que, para esconder su propio complejo de inferioridad, atacan a otros seres humanos por el simple hecho de no estar acomplejados.  Ha llegado al punto de que han acosado y amenazado a gente a la que ni conocen, con hacerles daño físico a ellos y a sus familias.  Algo no anda bien con una sociedad compuesta de seres tan llenos de odio a sí mismos que lo proyectan de forma violenta hacia otros.
También ha sucedido lo contrario.  Gente que ha atacado, de palabra y, hasta de hecho, a personas porque son bien parecidas o tienen algo que ellos no tienen, o no les han hecho caso, como esos hombres que han arrojado ácido a chicas porque no aceptaron sus avances amorosos.  Esto no puede seguir, nadie puede considerar que otra persona puede ser objeto de su violencia sólo por su apariencia física.   Hay que detener esta epidemia de complejos, baja autoestima y el consecuente daño sicológico que causan.  Debemos desechar la cultura del envase y empezar a cultivar lo verdaderamente importante:  buenos pensamientos y sentimientos hacia nosotros mismos porque estos guiarán nuestras acciones hacia los demás.

Instrucción y educación para el futuro.

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El verdadero problema de nuestro modelo educativo consiste en que su principal objetivo es aniquilar el raciocinio de los estudiantes, obligándoles a seguir instrucciones sin pensar.  La idea es convertir a todos en el prototipo del buen obrero, propuesta nacida de la era industrial que ya es, totalmente, obsoleta, pero sigue vigente en nuestro país, a pesar de los malos resultados.

Desde la última década del siglo pasado, el nuevo prototipo es el colaborador/emprendedor que, utilizando su intelecto y creatividad para convertir la información en herramientas, desarrolla procesos que resuelven problemas.  Es la era de la información y el que no sepa interpretarla, no tendrá cabida en la nueva economía.

Pero la instrucción, como complemento de la educación, no sólo consiste en desarrollar mejores entes económicos, sino mejores seres humanos.  Personas que utilicen sus capacidades y razonamiento para mejorar su situación, la de sus familias y, como consecuencia, la de sus comunidades y países.

Es por esto que es importante cultivar la curiosidad y el interés en el mundo, tanto el que nos rodea como el que está más allá de nuestro entorno, algo que ahora es mucho más fácil con el acceso a Internet y sus herramientas.  Pero la tecnología no sirve de nada sin la creatividad y el raciocinio, pues hay tanto información falsa como verdadera diseminada en el mundo y hay personas que confunden opinión con hechos.  Por estas razones, es importante saber discernir unas de otras.

Para lograr esto, debemos utilizar el pensamiento crítico: si no saben, pregunten; si no  parece lógico, cuestionen; si no comprenden, investiguen, lean, analicen, comparen y saquen sus propias conclusiones con base en la razón, lógica y evidencias.  Sólo así podremos crear soluciones efectivas a nuestros problemas y los de la humanidad.

Es la hora de la nueva generación.

presidentesHay varios países, en su mayoría europeos con excepción de Canadá, o con una cultura cívica más desarrollada, como nuestra vecina Costa Rica, que han preferido a menores de 45 años como sus nuevos presidentes.  Ellos son los encargados de forjar el futuro de sus naciones y prepararlas para los retos de este nuevo milenio, por lo que es, simplemente lógico, elegir a jóvenes que entienden y han sido parte de los cambios inherentes a las nuevas generaciones.

No tengo nada contra las personas mayores de 50, soy una de ellas, con casi 60, pero me pregunto: ¿Acaso no es tiempo de dar oportunidad a una nueva generación de crear la nación que desean para ellos y sus hijos?  Y digo crear, porque francamente, es lo único que podría evitar que este país se convierta en la tierra de nadie.  Tenemos que reconocer que lo que les estamos dejando no es, ni por asomo, algo que valga la pena.  La herencia política de nuestra generación está plagada de corrupción, impunidad y descalabro institucional, nada digno de preservar ni para nosotros ni para ellos y, mucho menos, para generaciones futuras.

Creo que es tiempo de olvidar las viejas estructuras políticas basadas en caudillismos, populismos y personalismos ridículos y concentradores de poder en uno o pocos, y dar la oportunidad a los jóvenes de sacar luz de este caos en que estamos inmersos. Si se equivocan, tendrán tiempo de enmendar.  Si se equivocan y no enmiendan, serán ellos los que tendrán que vivir con su error y, como nosotros hoy, avergonzarse ante sus hijos y nietos, por el desastre cometido.

Dejemos de creer en ese adagio que dice “más sabe el diablo por viejo que por diablo” porque, evidentemente, eso no funciona en este país.  Aquí los diablos se han hecho viejos haciendo sus diabluras y nosotros, por tontos útiles, por iletrados políticos, por poco importa o por falta de civismo, los hemos dejado y, en algunos casos, hasta ensalzado, por sus acciones.

¡Ya basta de elegir a los de siempre, que vienen con lo mismo!  Jóvenes: tomen el destino de este país, SU país, en sus manos y conviértanlo en un lugar digno para ustedes vivir y nosotros morir, sin sentir la vergüenza que, cada mañana, nos asalta al leer las noticias.

¡El futuro les pertenece, no permitan que cualquier diablo, viejo o nuevo, los engañe!

 

 

El hábito de la lectura y sus consecuencias.

iam-se7en-657490-unsplash.jpgPhoto by iam Se7en on Unsplash

Algunas de las principales consecuencias del hábito de la lectura es permitirnos mejorar nuestras habilidades lingüísticas y mejorar nuestra gramática, permitirnos saciar nuestra curiosidad sobre todo lo que nos rodea, abrir nuestra mente a distintas ideas,  activar nuestros pensamientos y capacidad de análisis y hacernos más tolerantes  combatiendo la ignorancia de temas específicos y generales.

A pesar de todas estas bondades de la lectura, en este escrito me concentraré en las dos primeras:  habilidades lingüísticas y buena gramática, porque son las que más rápido se notan.  Que una persona no sea capaz de hilar una idea y exponerla en forma clara, tanto en el lenguaje hablado como en el escrito, es la primera señal que nos indica la posibilidad de que no sea capaz de comprender lo que le decimos.

Acaba de terminar una nueva versión de la, cada vez más concurrida, Feria Internacional del Libro de Panamá.  Es esperanzador y, al mismo tiempo, desconcertante, la masiva asistencia a este evento y el poco efecto que parece tener en nuestra sociedad.   Esperanzador es saber, o al menos creer por lo aparente, que la lectura es un hábito de muchos.  Desconcertante es ver que, a pesar de que pareciera que mucha gente lee, además de la ignorancia generalizada en muchísimos temas, expresarse correctamente y escribir con buena ortografía son ejercicios casi olvidados en este país.

La falta de un vocabulario extenso, en un idioma tan rico en palabras como el castellano, es notorio, sobre todo en la emisión de programas televisivos de producción nacional, en especial en los noticieros, cuando, tanto reporteros como entrevistados, tienen dificultades para dejar de lado las muletillas, el cancaneo o, peor aún, el uso de vocablos que nada tienen que ver con lo que tratan de expresar.  Y ni hablar de las frases inventadas que no tienen el más mínimo sentido…”lo que es el candidato” ¿En serio?

En cuanto a la mala ortografía, de la cual mucha gente hace gala con frases como”pero entendiste lo que dije, verdad”, es otra consecuencia de la falta de lectura, o la lectura de material mal escrito o de poco valor literario, como algunos tabloides que no voy a mencionar.  Las redes sociales y servicios de mensajería instantánea han querido ser utilizados como chivos expiatorios de esta situación, pero lo cierto es que, aunque estas herramientas hacen muy notoria la mala ortografía, al exponerla al mundo, no son la causa de la misma.

La mejor forma de aprender a hablar y escribir bien, es leer buenos libros, revistas, diarios y hasta blogs.  Después que estén bien escritos, pueden cumplir la función de ampliar y afinar nuestro vocabulario e inculcarnos la buena gramática, en cualquier idioma.  Exponernos, habitualmente, a una buena escritura, hace que nuestro cerebro asimile las palabras, su uso adecuado y su ortografía, la correcta conjugación de los verbos y la configuración de oraciones con sentido, en mayor medida que la memorización de las reglas gramaticales en la primaria.

Pero el hábito de la lectura no es muy extendido en nuestro país, donde la televisión aún reina, y no ayuda a mejorar la situación.  Aunque esto es justificado por aquellos que no leen, alegando los altos precios de los libros, que los convierten en artículos suntuarios, parece que olvidan que las bibliotecas y, desde hace más de tres décadas, el Internet, son entes democratizadores del saber humano.  Ambos ponen al alcance de quien lo desee, todos los libros, revistas, periódicos, artículos y blogs que existen.

¿Sabían que existen páginas de Internet donde pueden descargar, gratis, libros en formato digital?  Entonces, no hay justificación para no leer, está al alcance de sus dedos, a través de su computadora, tableta o celular, así que ¿cuál es su excusa para no leer?  Y si lee regularmente ¿qué fue lo último que leyó antes de este artículo?