Rosa Montezuma: cambiando paradigmas.

No soy fanática de los concursos de belleza.  De hecho, los considero un desperdicio de tiempo y recursos que podrían ser dedicados a la cultura, en lugar de a la banalidad de la exaltación del físico como único atributo femenino importante.  Sin embargo, debo aceptar que este año la situación del concurso Miss Panamá ha sido diferente a lo usual y está cambiando, un poco, mi forma de ver estas actividades.

En primer lugar, los intentos de desacreditar a una candidata, que a la postre se convirtió en la ganadora de la corona, por ser de origen indígena, fue algo que me pareció de lo más ridículo, mezquino y…lo siento, pero tengo que decirlo, fue una actitud totalmente estúpida por parte de quién desató la tormenta.

Sin embargo, al punto que quiero llegar es al giro que esta chica le ha dado a la visión que se tiene de los concursos de belleza o, por lo menos, de algunas concursantes.  Su inteligencia y compromiso social son evidentes.  Ha brillado en las entrevistas que le han hecho, tanto local, como internacionalmente.  Como consecuencia de ser la primera indígena en participar y ganar  la versión panameña del concurso, se ha convertido en un símbolo mundial de las etnias originarias, sumado al de, muy digna, representante de la mujer panameña.

Rosa Montezuma no sólo es físicamente bella, también es inteligente, instruida, orgullosa de su herencia y de su condición de mujer y profesional.  Lleva su persona con una dignidad y una elegancia que nace del hecho de sentirse totalmente cómoda con quien es y de donde viene, sabiéndose pionera como representante de su gente en una instancia que nunca había sido explorada, pero que ahora está siendo explotada de una forma muy positiva, tanto para su comunidad y todos los grupos originarios como para el país.  Su última comparecencia internacional, nada menos que en la ONU, en el marco del día mundial de las etnias indígenas, es una prueba fehaciente de que esta joven mujer está encaminada a ser la mejor representante que ha tenido nuestro país en mucho tiempo, y en muchos escenarios, a nivel mundial.

Por si no han escuchado el discurso de Rosa, les invito a ver el vídeo de su participación en la ONU.

 

Sólo con educación lo lograremos.

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¡Y el mundo necesita un cambio, urgente!

Las noticias de femicidios y feminicidios son deprimentes.  Que haya hombres que no logren entender que las mujeres somos, igual que ellos, seres humanos, es producto de un machismo aupado por una sociedad que sigue viviendo entre supersticiones y prejuicios y que no se resolverá sólo con leyes mediatizadas por la falta de presupuesto y voluntad de hacer los cambios que se requieren.  Pero no son sólo hombres los que son machistas, también hay muchas mujeres que perpetúan estos comportamientos, criando a su hijos de forma distinta a sus hijas, asignándole roles propios de la era victoriana, en sus hogares.

Enterarnos de que chicas son asesinadas por el sólo hecho de encontrarse de viaje solas, es aberrante.  ¿Por qué una mujer no puede viajar sola sin sentir temor de que puede ser violada y asesinada, por el simple hecho de ser mujer?  Que una mujer salga de su casa, a tempranas horas a trabajar y termine violada, torturada y asesinada, y que la policía llegue tres horas después, a pesar de haber sido llamados mientras estaba ocurriendo el hecho, debería ser motivo para que la población proteste con energía y sin tregua.  No hay razón por la cual una mujer, de cualquier edad, no pueda movilizarse sola en un país que se cree de primer mundo, aunque eso es sólo una falacia alimentada por concreto, pues la educación, claramente, demuestra que no hemos salido de la era de las cavernas.

Y saliendo de nuestras fronteras, leer sobre cómo, en una universidad japonesa, se alteraron los puntajes de las pruebas de ingreso de las aspirantes a cupos en la escuela de medicina, para disminuir la cantidad de mujeres seleccionadas para ingresar, es algo que, sencillamente, no puedo entender.  Negarle el derecho al estudio a una persona merecedora, por cualquier motivo, es condenable, y que el motivo sea porque es mujer es un acto de discriminación que no tiene cabida en estos tiempos.  Eso sin contar los casos de vejaciones, humillaciones y todo lo demás que ocurre en muchos países, incluidos algunos que se precian de avanzados.  Lo peor, es que vamos en retroceso, cuando derechos ganados se están desconociendo y, hasta eliminando las leyes que los consagraban.

Ciertamente, las autoridades y educadores deben enfrentar la problemática y hacer mucho más de lo que hacen, para resolverla, pero áun más importante, es que las familias empiecen a educar a hijos e hijas de la misma forma.  Que los varones aprendan a realizar las tareas del hogar y a respetar a las niñas y que estas aprendan que son seres valiosos que merecen respeto y que deben estudiar y valerse por sí mismas, económicamente.  Con esto se logrará que tanto varones como mujeres aprendan a ser independientes y respetuosos con ellos mismos y con los demás, lo que, como consecuencia,  les  permitirá valorar a todos los seres humanos, sin distinciones.

Sólo con una educación integral, en derechos humanos, podremos superar el atraso e ignorancia que aún prevalecen en este mundo.  Si tienes hijos, tienes esa oportunidad, no la desperdicies.

“Dudo luego pienso, pienso luego ¿existo?”

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Aunque esta es la forma más divulgada de esta frase en nuestro idioma, la segunda parte debería traducirse  ‘pienso luego SOY’, como sucede en francés (idioma original de la misma) o en inglés.  ¿Por qué?  Porque la existencia no está definida por la capacidad de pensar.  Las piedras, el agua, la hierba, las nubes y miles de objetos inanimados que no piensan, existen. También hay mucha gente que existe, porque está, la vemos, se mueve, camina y habla, pero sus palabras nos hacen saber, sin lugar a dudas, que no piensan.

Pensar requiere esfuerzo, dedicación y tiempo, no es fácil y supone correr riesgos y asumir responsabilidades, que unos no pueden y otros no quieren asumir.  Pensar conlleva el riesgo de dudar y cuestionar lo que muchos consideran una certeza.  Pensar requiere el esfuerzo de investigar, sopesar y descomponer cada problema o planteamiento para, luego, dedicarnos a analizar y comprender los hallazgos.  Pensar nos responsabiliza de sacar conclusiones y tomar decisiones que, muchas veces, nos harán entrar en contradicción con quienes nos rodean.

Por eso vemos gente que obedece sin dudar, cree sin cuestionar, opina sin investigar, repite sin sopesar, saca conclusiones sin verificar, juzga sin comprender, decide sin analizar…gente resignada a llevar una existencia dictada por otros.  Esa gente existe, pero no piensa, le cree a cualquier charlatán que le haga promesas de tiempos mejores y, luego, responsabiliza a otros de sus problemas.

Esa gente existe, está, ocupa espacio, consume recursos, repite lo que otros quieren que diga, pero no piensa, no razona  ni toma decisiones informadas.

Pensar es gratis, pero cuesta.  Pensar cuesta, pero no tiene precio.

La raíz de todos los males.

Necesitas Poder, solo cuando quieres hacer algo dañino, de lo contrario, el Amor es suficiente para que todo se haga.

Leer el diario o ver los noticieros se ha convertido en una tortura para mí.  Leo sobre los casos de corrupción y, peor aún, de impunidad y se me amarga el día.  Gente que miente de forma descarada, abogados que se inventan interpretaciones de leyes para favorecer a su cliente, lo que a todas luces, demuestra que no es inocente.  La verdad es que ya la ética no existe.

Y no es sólo a nivel nacional, el mundo entero sufre por situaciones similares, provocadas por gente que, en su avidez de lograr ganancias y poder, son capaces de ignorar leyes o inventarse unas nuevas.  No importa el bien social, no importan las personas, sólo les importa el dinero.

Esto es como una epidemia que ha contagiado a muchos.  Hay gente dispuesta a hacer cualquier cosa para lograr obtener fama y dinero…fama, dinero y poder…influencias.  La gente quiere ser famosa porque cree que le da poder, pero ¿poder para qué? ¿Influencias para qué?

La codicia ha convertido el dinero en un fin, en lugar de un medio para vivir mejor.  En el mundo se ha propagado la creencia de que debes tener dinero, debes tener poder, debes tener influencia, a costa de lo que sea, para vivir al margen de la ley, impunemente.  En lo personal, no veo otro objetivo de tener influencias y poder, que hacer el mal a quien sea y no pagar por ello.

¿Acaso no saben que, algún día, en algún momento, pagarán lo que han hecho, ellos o sus hijos o sus nietos?  Su “darma” atraerá su “karma”.  Ninguna mala acción queda impune, de alguna manera, la vida cobra el mal que se hace y el bien que se ha hecho, no con premios ni castigos, sino con consecuencias.

Tal vez la codicia produzca dinero, pero el dinero no compra ni la felicidad ni una conciencia tranquila.