La cultura del envase.

Frase de la semana
En las dos últimas semanas ha habido una enardecida discusión acerca de la participación de una persona transexual en un concurso de belleza para damas.  También se critica la imposibilidad de que una dama que ha tenido un hijo o haya estado casada pueda participar, mientras se permite que aquellas que se han hecho cirugías estéticas sí lo hagan.  Hay bandos que defienden uno u otro punto de vista y se han dicho toda clase de improperios unos a otros, defendiendo a capa y espada su posición y perdiendo tiempo en una discusión por algo, en mi opinión, tan banal como un concurso de belleza.
En primer lugar, considero que la verdadera discusión debería ser el por qué, aún a estas alturas de la historia de la humanidad, existen los concursos de belleza.  Es como seguir viviendo en la década del ’50, cuando la mujer estaba relegada al papel de muñeca decorativa y ama de casa.  Es increíble que, habiendo avanzado tanto en los últimos 70 años, al punto que hay mujeres que son astronautas, científicas y, hasta jefas de estado, aún existan estos anacronismos.
Que yo sepa, que un país haya tenido muchas miss universo no lo ha convertido en un mejor país, ni los ha salvado de desastres naturales o inducidos por humanos, ni ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes o su nivel educativo.  Los países con la mayor cantidad de miss universo son Estados Unidos, Venezuela, Puerto Rico y Filipinas…juzguen ustedes mismos si esto les ha servido para prevenir su situación actual.
En segundo lugar, seguir promocionando la apariencia, por encima de los valores del ser humano, ha sido y seguirá siendo, la causa de muchos males.  Hay personas que han perdido la vida, al ponerse en manos de supuestos cirujanos, en busca de cambiar su apariencia.  Hay adolescentes sufriendo de desórdenes alimenticios, que son provocados por estos estándares de belleza impuestos por mercaderes de la moda.  Y esto no sólo pasa con las mujeres, también los hombres sufren con estos ridículos estándares.  Esta situación, también tiene incidencia en la tasa de suicidios entre adolescentes y jóvenes.
Hay personas que sacrifican el presupuesto familiar para comprar un auto, porque lo ven como un símbolo de estatus, y no como el artículo utilitario que es.  Hay quienes prefieren tener la ropa de moda y de la marca más cara, aunque tengan que pasarse la quincena a pan y agua.  Hay gente que vive endeudada para poder vivir en un barrio en el cual las casas cuestan mucho más de lo que valen.  Existe un culto a la apariencia que está socavando la salud sicológica de toda una generación, haciéndoles creer que no tienen valor si no se ven de cierta manera o no tienen ciertos artículos de ciertas marcas.
Aunque siempre ha existido gente que responde como autómatas a la publicidad que insta  a adquirir lo último o quienes tienen la necesidad de mostrar que tienen más que el vecino o el amigo, en la actualidad, y con el advenimiento de las redes sociales, este fenómeno se ha convertido en una epidemia.  Lo triste de esto es que esos adolescentes y jóvenes están convirtiéndose en adultos inseguros y con una baja autoestima, lo que los mantiene obsesionados con las apariencias y que, en lugar de cultivar su interior, se desgastan tratando de cambiar su exterior.
Y como si todo esto fuera poco, hay personas que consideran que tienen derecho a humillar e insultar a otros por su apariencia.  El anonimato de las redes ha creado una turba de inadaptados sociales con baja autoestima que no soportan que haya personas que se acepten y amen tal cual son, y que, para esconder su propio complejo de inferioridad, atacan a otros seres humanos por el simple hecho de no estar acomplejados.  Ha llegado al punto de que han acosado y amenazado a gente a la que ni conocen, con hacerles daño físico a ellos y a sus familias.  Algo no anda bien con una sociedad compuesta de seres tan llenos de odio a sí mismos que lo proyectan de forma violenta hacia otros.
También ha sucedido lo contrario.  Gente que ha atacado, de palabra y, hasta de hecho, a personas porque son bien parecidas o tienen algo que ellos no tienen, o no les han hecho caso, como esos hombres que han arrojado ácido a chicas porque no aceptaron sus avances amorosos.  Esto no puede seguir, nadie puede considerar que otra persona puede ser objeto de su violencia sólo por su apariencia física.   Hay que detener esta epidemia de complejos, baja autoestima y el consecuente daño sicológico que causan.  Debemos desechar la cultura del envase y empezar a cultivar lo verdaderamente importante:  buenos pensamientos y sentimientos hacia nosotros mismos porque estos guiarán nuestras acciones hacia los demás.

Instrucción y educación para el futuro.

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El verdadero problema de nuestro modelo educativo consiste en que su principal objetivo es aniquilar el raciocinio de los estudiantes, obligándoles a seguir instrucciones sin pensar.  La idea es convertir a todos en el prototipo del buen obrero, propuesta nacida de la era industrial que ya es, totalmente, obsoleta, pero sigue vigente en nuestro país, a pesar de los malos resultados.

Desde la última década del siglo pasado, el nuevo prototipo es el colaborador/emprendedor que, utilizando su intelecto y creatividad para convertir la información en herramientas, desarrolla procesos que resuelven problemas.  Es la era de la información y el que no sepa interpretarla, no tendrá cabida en la nueva economía.

Pero la instrucción, como complemento de la educación, no sólo consiste en desarrollar mejores entes económicos, sino mejores seres humanos.  Personas que utilicen sus capacidades y razonamiento para mejorar su situación, la de sus familias y, como consecuencia, la de sus comunidades y países.

Es por esto que es importante cultivar la curiosidad y el interés en el mundo, tanto el que nos rodea como el que está más allá de nuestro entorno, algo que ahora es mucho más fácil con el acceso a Internet y sus herramientas.  Pero la tecnología no sirve de nada sin la creatividad y el raciocinio, pues hay tanto información falsa como verdadera diseminada en el mundo y hay personas que confunden opinión con hechos.  Por estas razones, es importante saber discernir unas de otras.

Para lograr esto, debemos utilizar el pensamiento crítico: si no saben, pregunten; si no  parece lógico, cuestionen; si no comprenden, investiguen, lean, analicen, comparen y saquen sus propias conclusiones con base en la razón, lógica y evidencias.  Sólo así podremos crear soluciones efectivas a nuestros problemas y los de la humanidad.

Es la hora de la nueva generación.

presidentesHay varios países, en su mayoría europeos con excepción de Canadá, o con una cultura cívica más desarrollada, como nuestra vecina Costa Rica, que han preferido a menores de 45 años como sus nuevos presidentes.  Ellos son los encargados de forjar el futuro de sus naciones y prepararlas para los retos de este nuevo milenio, por lo que es, simplemente lógico, elegir a jóvenes que entienden y han sido parte de los cambios inherentes a las nuevas generaciones.

No tengo nada contra las personas mayores de 50, soy una de ellas, con casi 60, pero me pregunto: ¿Acaso no es tiempo de dar oportunidad a una nueva generación de crear la nación que desean para ellos y sus hijos?  Y digo crear, porque francamente, es lo único que podría evitar que este país se convierta en la tierra de nadie.  Tenemos que reconocer que lo que les estamos dejando no es, ni por asomo, algo que valga la pena.  La herencia política de nuestra generación está plagada de corrupción, impunidad y descalabro institucional, nada digno de preservar ni para nosotros ni para ellos y, mucho menos, para generaciones futuras.

Creo que es tiempo de olvidar las viejas estructuras políticas basadas en caudillismos, populismos y personalismos ridículos y concentradores de poder en uno o pocos, y dar la oportunidad a los jóvenes de sacar luz de este caos en que estamos inmersos. Si se equivocan, tendrán tiempo de enmendar.  Si se equivocan y no enmiendan, serán ellos los que tendrán que vivir con su error y, como nosotros hoy, avergonzarse ante sus hijos y nietos, por el desastre cometido.

Dejemos de creer en ese adagio que dice “más sabe el diablo por viejo que por diablo” porque, evidentemente, eso no funciona en este país.  Aquí los diablos se han hecho viejos haciendo sus diabluras y nosotros, por tontos útiles, por iletrados políticos, por poco importa o por falta de civismo, los hemos dejado y, en algunos casos, hasta ensalzado, por sus acciones.

¡Ya basta de elegir a los de siempre, que vienen con lo mismo!  Jóvenes: tomen el destino de este país, SU país, en sus manos y conviértanlo en un lugar digno para ustedes vivir y nosotros morir, sin sentir la vergüenza que, cada mañana, nos asalta al leer las noticias.

¡El futuro les pertenece, no permitan que cualquier diablo, viejo o nuevo, los engañe!

 

 

Rosa Montezuma: cambiando paradigmas.

No soy fanática de los concursos de belleza.  De hecho, los considero un desperdicio de tiempo y recursos que podrían ser dedicados a la cultura, en lugar de a la banalidad de la exaltación del físico como único atributo femenino importante.  Sin embargo, debo aceptar que este año la situación del concurso Miss Panamá ha sido diferente a lo usual y está cambiando, un poco, mi forma de ver estas actividades.

En primer lugar, los intentos de desacreditar a una candidata, que a la postre se convirtió en la ganadora de la corona, por ser de origen indígena, fue algo que me pareció de lo más ridículo, mezquino y…lo siento, pero tengo que decirlo, fue una actitud totalmente estúpida por parte de quién desató la tormenta.

Sin embargo, al punto que quiero llegar es al giro que esta chica le ha dado a la visión que se tiene de los concursos de belleza o, por lo menos, de algunas concursantes.  Su inteligencia y compromiso social son evidentes.  Ha brillado en las entrevistas que le han hecho, tanto local, como internacionalmente.  Como consecuencia de ser la primera indígena en participar y ganar  la versión panameña del concurso, se ha convertido en un símbolo mundial de las etnias originarias, sumado al de, muy digna, representante de la mujer panameña.

Rosa Montezuma no sólo es físicamente bella, también es inteligente, instruida, orgullosa de su herencia y de su condición de mujer y profesional.  Lleva su persona con una dignidad y una elegancia que nace del hecho de sentirse totalmente cómoda con quien es y de donde viene, sabiéndose pionera como representante de su gente en una instancia que nunca había sido explorada, pero que ahora está siendo explotada de una forma muy positiva, tanto para su comunidad y todos los grupos originarios como para el país.  Su última comparecencia internacional, nada menos que en la ONU, en el marco del día mundial de las etnias indígenas, es una prueba fehaciente de que esta joven mujer está encaminada a ser la mejor representante que ha tenido nuestro país en mucho tiempo, y en muchos escenarios, a nivel mundial.

Por si no han escuchado el discurso de Rosa, les invito a ver el vídeo de su participación en la ONU.