¿Puede un kilo marcar la diferencia?

Hace tres meses inicié, de manera muy tímida y llena de excusas, un plan para bajar de peso por motivos de salud.  La falta de organización y mucha pereza, básicamente, dictaron la inconsistencia de mis esfuerzos.  Una semana hacía la dieta y salía a caminar y la siguiente olvidaba todo.   Las excusas eran de toda clase:  amaneció lloviendo, no tengo tiempo para cocinar, tengo que ir temprano al aeropuerto y luego prepararme para ir a la oficina, me muero de hambre, etc.  Lo cierto es que, según el plan, si llovía, debía reemplazar la caminata por otro tipo de aeróbicos, pero no lo hacía, me sentaba con el café a pasar una hora leyendo el periódico, el Facebook, el Twitter y cualquier otra cosa que estuviera en línea, todo menos moverme.  A pesar de eso, fui haciendo progresos, lentos, pero progresos al fin.  Caminaba tres de seis días, aumentaba distancias, reducía grasas y aumentaba el consumo de agua, pequeñas cosas, tan pequeñas que no veía la utilidad, pero continúe haciendo ajustes aquí y allá.

Entre los ajustes, incluí un programita que, cuando no olvido usarlo, registra mis tiempos, distancias y otras informaciones como temperatura ambiental, condición climática, tipo de superficie y otros. Las estadísticas mensuales son de gran ayuda para ver qué tanto progeso se ha hecho y, la verdad, aunque no he cumplido con el programa original, por lo menos he mejorado y mucho.    Cuando inicié en el mes de junio sólo caminé 5.81 km., en julio fueron 16.37 km., en agosto 14.53, pero en lo que va de septiembre, ya llevo 12.67 km. caminados.
Aparte de ver mis estadísticas para este mes muy mejoradas, hoy me pesé y descubrí que he perdido un kilo!!  No podía creerlo.  A pesar de mi descuido y pereza, logré bajar un kilo.  ¡Esto marca la diferencia!  Ahora estoy convencida de que, con un poco más de constancia y planificación y menos pereza, puedo lograr el ritmo proyectado.   A partir de mañana, tomaré el reto de Runtastic de recorrer 5km. diarios por 50 días y diré adiós a varios kilos más, porque hoy descubrí que un kilo sí puede marcar la diferencia!!

Riesgos de las ventas masivas con altos descuentos.

Leyendo un par de artículos en la prensa sobre los servicios de ventas masivas a base de altos descuentos, he decidido escribir sobre el riesgo que constituye,  para las empresas que desean perdurar en el tiempo, este tipo de mercadeo.

Ciertamente, desde el punto de vista del consumidor, pueden ser una forma barata de probar un servicio, pero para cualquier negocio, es una apuesta muy costosa, financieramente hablando.

Empecemos por explicar que los descuentos que exigen estas compañías sumados a la comisión que cobran, implican vender con un margen ínfimo o, en la mayoría de los casos, con una pérdida, lo cual afecta negativamente la rentabilidad de cualquier negocio y, por ende, su sostenibilidad.  Debo hacer un alto aquí para explicar el concepto de rentabilidad, pues hay quien confunde altos ingresos con alta rentabilidad, sin embargo percibir altos ingresos no implica, necesariamente, tener un negocio rentable.

La rentabilidad es la capacidad de producir una ganancia.  La ganancia se determina restando los descuentos, costos y gastos de los ingresos generados. Producir altas cifras de ingresos a costa de altos porcentajes de descuentos y comisiones, no es saludable para ningún negocio, pues mientras más alto es el descuento, menor es el margen de ganancia.

Veamos un ejemplo: supongamos que utilizamos este modelo y vendemos, a través del mismo,  servicios que, a precio regular, totalizan un millón de dólares.  Ahora restemos el  50% de descuento al cliente final y a lo que nos queda rebajemos la comisión que es de 50% del monto a cobrar,  es decir, 25% del precio de venta.  Ahora sólo tenemos de margen bruto 25%, pero resulta  que operamos con costos y gastos que representan 35% del ingreso (ventas), siendo la rentabilidad final de -10%, es decir, que ese millón de dólares en ventas produjo una pérdida de $100,000.

Supongamos ahora que, por los canales normales, la venta es de $850,000 con descuentos promedio de 20%. Aún manteniendo el mismo porcentaje de costos y gastos (35%),  el margen de rentabilidad sería de 45%  para totallizar ganancias de $382,500.

Tener más ingresos, no significa tener más ganancia.  Para aumentar nuestras ganancias es necesario vender más por menos, es decir, menos costos y gastos.  Los descuentos exagerados pueden descarrilar las finanzas de cualquier negocio ante la ilusión de que está generando un volumen de ventas impresionante, sin ver que son a un costo 3 veces mayor de lo normal.

En cualquier caso, se estaría afectando la operación pagando una publicidad costosísima con una tasa de retorno discutible.  ¿Realmente alguien que paga 50% por un servicio hoy, volverá mañana pagando 100%?    ¿Por qué alguien pagaría precio completo si puede pagar la mitad en otro lado, habiendo nuevas ofertas de competidores cada semana?

Si a esto añadimos que, en opinión de expertos en mercadeo, esta práctica puede ser contraproducente, pues el precio que establecemos representa el valor de los atributos de nuestros servicios y venderlos a una fracción de ese precio sería como decir que estos no valen, en realidad, lo que cobramos por ellos, devaluando el prestigio de la empresa.

No todos los consumidores basan sus decisiones de compra en el precio, pues hay consideraciones que ponderan más que el dinero.  Una persona está dispuesta a pagar más si percibe que los atributos de un servicio valen el precio marcado y, si sus expectativas son excedidas, se mantendrá fiel a la marca.  Aquí cabría preguntarse ¿Cómo se sentiría ese cliente fiel al ver estas ofertas por un servicio que ellos han pagado a precio regular, considerando este precio justo?

La sostenibilidad de una empresa se sustenta en la rentabilidad y, esta a su vez, en la fidelidad de su clientela.  Ambas estarían en grave peligro si este modelo de mercadeo se convierte en la norma, por lo que, antes de decidirnos por este camino,  debemos analizar el impacto de esta práctica en nuestros estados financieros y en nuestra cartera de clientes regulares.

¡Mi más cordial bienvenida!

 

 

 

 

 

 

Hace mucho que quería volver a escribir, pero no tenía interés en un blog temático que me obligara a escribir sobre sólo un tema, pues son muchos mis intereses y estos cambian con el tiempo.  Lo que quiero en este blog es plasmar mis pensamientos sobre distintos temas, según el interés o lo que esté ocurriendo en el momento, por eso el título de Liberando pensamientos.

Aquí hablaré tanto de temas relacionados a mi profesión y mi trabajo, como a mis intereses personales, según mis pensamientos se vayan liberando y viajen de mi mente a mis dedos.  Espero que disfruten su lectura y me hagan saber sus opiniones.

¡Gracias!

Darla